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El Frío Mata Más que el Calor –Cuídese

por Dr. Sherwwod Idso
[de CO2science.org]

Los estudios médicos relacionados con la mortalidad provocada por los extremos de temperatura en la población en general, concuerdan con que el frío es mucho más letal que el calor. En Sudamérica las cifras cantan.

Los alarmistas del clima afirman que el calentamiento global conducirá a un aumento de las tasas de mor-talidad humana. En consecuencia, cada vez que hay una ola de calor en cualquier parte del mundo, se apresuran en culpar las muertes por encima de lo normal para ese lugar y la época del año con las anor-males temperaturas ocurridas. Mucho más letal que el tiempo caliente, sin embargo, es el tiempo frío, como lo demuestran los numerosos estudios científicos informados desde Sudamérica.

Gouveia et al, (2000) obtuvieron las cifras de las muertes diarias por todas las causas, excluyendo muertes violentas y muertes de bebés de hasta un mes de edad, de las estadísticas de mortalidad de San Pablo, Brasil, para el período 1991-1994. Se analizó el efecto de la temperatura sobre los niños (menores de 15 años), adultos, (15-64 años), y de los ancianos (mayores de 64 años). Este esfuerzo reveló que los “puntos de cambio” para las muertes inducidas por el frío-calor eran idénticos: 20º C.

Por cada 1º C de aumento por encima de este valor para un día dado del año y el previo, se observó un aumento del 2,6% de las muertes por todas las causas en los niños, 1,5% de aumento en las muertes de adultos, y 2,5% de aumento en la de los ancianos.

Para cada 1º C de disminución por debajo de los 20º C, sin embargo, el efecto del frío fue muy superior, con aumentos en las muertes de los niños, adultos y ancianos de 4%, 2,6% y 5.5% respectivamente, por lo cual las muertes inducidas por le frío fueron 54%, 73% y 120% más altas que las atribuidas al calor.

Un análisis similar con respecto a sólo las enfermedades cardiovasculares no encontraron ninguna eviden-cia de muertes inducidas por el calor entre los adultos, pero revelaron el familiar aumento 2,6% para cada 1º C de descenso de la temperatura por debajo de los 20º C. Sin embargo, en los ancianos un aumento de 1º C por encima de los 20º C llevó a un 2% de aumento en las muertes; pero un descenso de 1º C por debajo de los 20º C se tradujo en un aumento del 6,3% en este grupo de edades, o sea que la cantidad de muertes cardiovasculares relacionadas con el frío son más de tres veces más frecuentes que en el caso de las causadas por el calor.

Las evidencias relacionadas con las enfermedades respiratorias fueron similares. Las tasas de muerte debidas a un enfriamiento de 1º C fueron dos veces más altas que las tasas de muerte causadas por un aumento de 1º C en los adultos, y 2,8% más altas en los ancianos.

Sharovsky et al, (2004), también se concentraron en San Pablo e investigaron la asociación entre el tiem-po (temperatura, humedad, y presión barométrica), la polución aérea (dióxido de azufre, monóxido de car-bono y particulado) , y la cuenta de muertes diarias atribuidas al infarto de miocardio durante el período 1996-1998, cuando ocurrieron un poco más de 12.000 muertes por esa causa.

Este esfuerzo condujo al descubrimiento de una “significativa asociación entre la temperatura diaria con las muertes de infarto del miocardio (P>0.001), observándose la menor mortalidad entre las temperaturas de 21,6º C y 22,6º.“ Para todo propósito práctico, sin embargo, su información mostró muy pequeña variación en las tasas de muerte entre 18º C y 25º C, siendo esta última cifra el típico límite superior de la temperatura observada en San Pablo. Pero cuando las temperaturas mínimas cayeron por debajo de los 18º C las tasas de muerte se elevaron de una manera esencialmente lineal hasta alcanzar a los 12º C (el valor mínimo típico en San Pablo) que era 35% mayor que la tasa observada para 21,6 y 22,6º C.

Sharovsky et al, destacan entonces que ellos “demostraron que existe una fuerte asociación entre las temperaturas diarias y el infarto de miocardio en San Pablo, Brasil,” que sugiere que “ocurre una aclima-tación de la población al clima local, y que las muertes por infarto del miocardio hacen un pico en invierno, no sólo a causa de una temperatura baja absoluta sino, de manera secundaria, a una disminución relativa al promedio anual de la temperatura,” porque como lo hacen notar, las muertes debidas a los ataques cardíacos son de manera consistentes mayor en invierno que en verano, “a lo largo de muchas regiones del mundo (Marshall et all, 1998, Douglas et al, 1991; Seto et al, 1998; Seth et al, 1999).”

Así, se puede apreciar que el calentamiento global del siglo pasado, que aumentó las temperaturas míni-mas más que las máximas en la mayor parte del mundo, muy probablemente impidió –o previno de manera significativa- la muerte de muchas personas en el mundo entero, quienes de otra manera hubiesen sucum-bido a este flagelo de la raza humana, es decir, las temperaturas relativamente frías.

Para finalizar, nuevamente en San Pablo, Hajat et al. (2005) examinaron las “series de tiempo” de la mortalidad diaria en relación con la temperatura ambiente diaria usando modelos Poisson y ajustando para la estación, humedad relativa, lluvias, polución de particulado, día de la semana y feriados públicos,” usando “modelos sin constricción de retardo distribuido para identificar el alcance de los excesos relacio-nados con el calor eran seguidos de déficit (desplazamiento de la mortalidad),” un fenómeno que no es usualmente observado el muertes relacionadas con el frío.

Como era previsible, observaron un notable aumento en la mortalidad por todas las causas para el mismo día y el previo con temperaturas mayores que 20º C; pero que sumado al curso de los siguientes 28 días, el riesgo de muerte asociado con el stress por calor aumentaba sólo el 0,8% por cada grado de aumento por encima de 20º C, lo que era considerablemente menor la consecuencia de la mortalidad de un grado de enfriamiento al otro extremos del espectro de la temperatura.

Cuando llegamos al fondo de la realidad de vivir o morir, por consiguiente, está muy claro que un modesto calentamiento del clima sería preferible a un modesto enfriamiento –o aún a ningún cambio- no sólo en San Pablo, sino también en todas partes del mundo en donde estudios similares han hallado esencialmente los mismos resultados que los descritos en los estudios de más arriba.

Referencias

  • Douglas, A.S., Al-Sayer, H., Rawles, M.M. and Allan, T.M. 1991. Seasonality of disease in Kuwait. Lancet 337: 1393-1397.
  • Gouveia, N., Hajat, S. and Armstrong, B. 2003. Socioeconomic differentials in the temperature-mortality relationship in Sao Paulo, Brazil. International Journal of Epidemiology 32: 390-397.
  • Hajat, S., Armstrong, B.G., Gouveia, N. and Wilkinson, P. 2005. Mortality displacement of heat-related deaths: A comparison of Delhi, Sao Paulo, and London. Epidemiology 16: 613-620.
  • Marshall, R.J., Scragg, R. and Bourke, P. 1988. An analysis of the seasonal variation of coronary heart disease and respiratory disease mortality in New Zealand. International Journal of Epidemiology 17: 325-331.
  • Seto, T.B., Mittleman, M.A., Davis, R.B., Taira, D.A. and Kawachi, I. 1998. Seasonal variations in coronary artery disease mortality in Hawaii: observational study. British Medical Journal 316: 1946-1947.
  • Sharovsky, R., Cesar, L.A.M. and Ramires, J.A.F. 2004. Temperature, air pollution, and mortality from myocardial infarction in Sao Paulo, Brazil. Brazilian Journal of Medical and Biological Research 37: 1651-1657.
  • Sheth, T., Nair, C., Muller, J. and Yusuf, S. 1999. Increased winter mortality from acute myocardial infarction and stroke: the effect of age. Journal of the American College of Cardiology 33: 1916-1919.



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